Entrevista a Segundo Marchán
Segundo Marchán García-Moreno es bien conocido por muchas personas. Es un hombre con muchos amigos. Desde hace muchos años, ha sido el alma y el motor de la APA IES Sierra. Como quiera que él, si es que ello es posible, conoce nuestro instituto desde antes de que naciera, hace ya tiempo que le hemos pedido, varios miembros de esta APA, que escribiera unos breves recuerdos sobre los años en que nuestro instituto aún no existía y se intentaba conseguirlo. Él, que es hombre que gusta de la conversación y del diálogo, lo ha venido demorando, un poco porque dice no tener especial facilidad para la escritura, un mucho porque siempre anda con muchos quehaceres, entre los cuales se cuenta desde hace poco el más gozoso de todos, el que deriva de su reciente condición de abuelo.
Ante todo ello, con su beneplácito, siempre fácil, hemos optado por tomar un café con él y transcribir, más o menos acertadamente, una conversación en la que nos ha contado cómo se gestó nuestro instituto y en la que hemos tratado también algunas cuestiones de educación .

E. N. : Segundo, cuéntanos un poco qué recuerdas en torno a la gestación de nuestro instituto, quiénes intervenieron en su creación. Sin duda alguna, aunque quizá te bailen un poco las fechas, lo recordarás bien.
Segundo Marchán: Creo que sí lo recuerdo todo bastante bien. Creo que fue en el año 1999, hace ya casi diez años, que el entonces presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, visitó el municipio de Soto del Real con ocasión de la inauguración de una nueva Casa Consistorial. Podemos establecer esta visita como el punto de partida simbólico de nuestro instituto porque en esa visita el Sr. Gallardón prometió solemnemente la construcción de un centro de Secundaria en la zona ante los muchos padres que, aprovechando la visita, nos habíamos concentrado con pancartas y todo lo demás solicitando dicho centro. Hay que tener en cuenta que entonces nuestros hijos se desplazaban desde los diversos pueblos (Guadalix de la Sierra, Miraflores, etc.) hasta Colmenar Viejo. Todo ello traía muchos problemas. Estábamos muy preocupados por el transporte y por el mucho tiempo que nuestros hijos perdían yendo y viniendo. Considerábamos que era de todo punto imprescindible un centro de Secundaria en nuestra zona, sobre todo teniendo en cuenta el crecimiento de población que entonces ya se estaba viviendo y que tan grande había de ser en los años venideros.
Obtuvimos, pues, la promesa del sr. Gallardón, pero todos sabemos que tratándose de políticos la palabra dada no es suficiente, que hay que luchar para que una promesa se convierta en realidad. Nos pusimos en marcha para presionar lo suficiente, y a iniciativa de Antonio Encinal, entonces presidente la APA del Colegio Público “Virgen del Rosario”, de Soto del Real, nos reunimos los presidentes de las APAS de los centros de primaria de Guadalix de la Sierra (yo mismo), Soto del Real (Antonio Encinal), Manzanares El Real (Paloma Delgado) y Miraflores de la Sierra (Jesús Jayo). Los distintos ayuntamientos estaban de acuerdo en principio, sobre todo, obviamente, Soto del Real, pero cada uno, un poco, tiraba por su lado, esto es, cada uno quería que el instituto estuviera en su pueblo. Las APAS, sin embargo, fuimos capaces de trabajar juntas, en un objetivo común, sin hacer causa de dónde estuviera el instituto. Parecía razonable que el instituto estuviera en un punto común, más o menos equidistante de los distintos pueblos, y ese punto no era otro que Soto del Real.
Casualmente entonces el Gobierno de España transfirió a las comunidades autónomas que aún no las tenían (entre ellas, Madrid) las competencias de Educación, y nos pusimos a trabajar con muchas reuniones, acompañados muchas veces por la entonces concejala de Educación de Soto del Real, Encarnación Rivero, la actual alcaldesa. Nos reunimos con el Consejero de Educación de entonces, el Sr. Villapalos, con los resposables de Hacienda, etc. En fin, en pocas palabras, que no nos regalaron nada, nos lo tuvimos que ganar a pulso en multitud de reuniones, pero, al final, gracias al esfuerzo de las APAS, de los Ayuntamientos, de los padres, concedieron el presupuesto estimado, el Ayuntamiento de Soto ya había librado el suelo oportuno, y se comenzó la construcción. Una vez comenzada se hizo en tiempo récord, corriendo para que el centro pudiera ser inaugurado al comienzo del curso 2001-2002. Como anécdota te contaré que pude ver cómo se trabaja a pleno rendimiento el día 2 de Mayo, festivo en la Comunidad de Madrid, pero me dijeron que la empresa era de la provincia de Toledo y su personal también, y se regían por el convenio de la construcción de Castilla La Mancha.
Así comenzó nuestro centro en Septiembre del curso 2001-2002, como una sección del instituto de Colmenar Viejo “Graham Bell”, solamente con 120 alumnos y con los cursos 1º y 2º de ESO. José María Jarillo y Hortensia Ponzoa, a los que todavía disfrutamos en nuestro centro, se encargaron del gobierno de esta sección en estos primeros momentos, que eran muy difíciles, porque había problemas de todo tipo: recelos de los padres ante un nuevo centro, falta de material, problema de transporte, profesores en su totalidad provisionales, etc. Supieron cumplir con este trabajo de una manera que yo estimo sobresaliente.
Al curso siguiente el Centro dispuso ya de personalidad jurídica propia y como tal centro independiente necesitaba una APA propia, y nos pusimos en marcha para la creación de la APA, que se constituyó en ese curso
El instituto existe gracias a la visión de los padres. Fuimos capaces de superar nuestros intereses locales más concretos y buscar un punto de convergencia. Modestamente, creo que los ciudadanos dimos una lección a los políticos: fuimos capaces de superar estos intereses locales, por otra parte legítimos, y ver que el interés prioritario era que nuestros hijos tuvieran que desplazarse en menor medida y pudieran disponer de un centro de secundaria en la zona, de calidad y público. El APA de Soto fue capaz de hacer converger a todas las APAs en un objetivo común. El interés de nuestros hijos era lo único que nos movía. El pequeño centro del primer año, de 120 alumnos, se ha convertido en pocos años en lo que es hoy, con 700 alumnos y un funcionamiento muy bueno. Cuando se construyó muchas personas decían que era demasiado grande para nuestra zona, y los pocos años transcurridos han mostrado que estaban muy equivocados. Lejos de ello, como todos sabemos, nuestro centro está absolutamente lleno y se hace imprescindible algún tipo de ampliación, y ello al margen de que también en estos años se ha abierto el centro de Guadalix.
E.N: Y ahora, transcurridos ya casi diez años desde esos primeros momentos, Segundo, ¿crees que valió la pena, que nuestro Instituto es un buen Instituto?
Estoy absolutamente convencido de que sí lo es. Se puede mejorar, por supuesto, como todo en la vida. Creo que las tres patas del instituto, los alumnos, los profesores y los padres, son sólidas. Tenemos un instituto con prestigio, pero tenemos que seguir esforzándonos para que siga mejorando. En la difícil situación en la que se encuentran los centros públicos en la Comunidad de Madrid, contra viento y marea, hemos construido un centro digno, muy digno. Nuestro centro proporciona una buena educación gratuita a todo aquel que lo solicita, que lo desea, sin discriminar a nadie en función de sus ingresos económicos, de su raza, de su religión, de su procedencia social. En nuestro centro solo el mérito de cada estudiante es un factor decisivo en la marcha de sus estudios. Por otra parte, y ya se está en ello, lo sé bien, el Instituto se está convirtiendo poco a poco en un referente cultural en una zona en la que no abundan estas referencias. Sé que es deseo y propósito de la comunidad educativa proyectar el centro más allá de las meras funciones educativas, y eso que estas funciones son de una responsabilidad enorme. Contamos, por suerte, con una dirección magnífica, abnegada y esforzada.
E.N. ¿Crees, Segundo, que, como se nos repite machaconamente desde muchos ámbitos, los jóvenes de ahora son menos responsables, menos trabajadores, menos respetuosos con las normas y leyes que lo éramos nosotros, hace ya veinticinco o treinta años, o hace tan solo diez o doce?
Creo sinceramente que la cosa es bastante más compleja de lo que las palabras de muchos dejan ver. Naturalmente, los jóvenes de antes estábamos más cohibidos ante el autoritarismo. El profesor era una autoridad que no osabas cuestionar. Nuestros hijos tienen ahora más información, puesto que la sociedad ha evolucionado, tienen mejores medios, pero también a veces les cuesta más esforzarse. Nosotros teníamos que esforzarnos porque no había otros medios. No veo que la juventud sea más irresponsable que antes, hablando en general. El autoritarismo restringe todo, antes había más seguridad en lo que hace a la calle, el gamberrismo, etc., pero también es verdad que había menos en la relación de cada uno con lo que podemos llamar “la autoridad”, la policía, los funcionarios, los médicos, etc. Entonces, los policías, los funcionarios del Estado, etc. no nos trataban propiamente como servidores públicos, sino que estábamos indefensos ante ellos, en ese sentido, había menos seguridad.
De todos modos, no hay que olvidar que el educar a los hijos no es responsabilidad del instituto, sino de toda la sociedad, sobre todo en el ámbito del hogar. A mi juicio es de una hipocresía enorme culpar a los jóvenes en general, como si los mayores fuéramos ajenos a los males que, supuestamente, ellos cometen. Los jóvenes, a fin de cuentas, imitan lo que han visto desde niños. No comparto, pues, la idea de que los tiempos pasados eran mejores, pues de llevar ello a su último significado, si nuestros hijos son menos educados que nosotros, nosotros menos que nuestros padres, nuestros padres menos que nuestros abuelos, se debería concluir que hubo un tiempo, hace centenares de años quizá, en que la gente era educadísima y absolutamente respetuosa y culta. Todos sabemos que, obviamente, no es así, más bien hay motivos para creer lo contrario.
E. N. Dentro de poco, Segundo, tu hija pequeña terminará sus estudios en nuestro centro y entonces, obviamente, no podrás pertenecer a la APA, ¿echarás de menos nuestro instituto, trabajar en la APA?
Segundo Marchán: Por supuesto que sí. Cada vez que pase por delante, y por motivos de trabajo y de residencia eso pasará a menudo, lo miraré con nostalgia. Es un poco como una especie de jubilación. De todos modos, para mí será siempre mi instituto, nuestro instituto. Estos años te marcan de una forma indeleble. Con todo, estoy tranquilo, porque sé que hay otras muchas personas que van a continuar trabajando para que el centro siga mejorando. Evidentemente no soy imprescindible y, además, ya buscaremos la manera en que yo pueda seguir ayudando, en lo que buenamente pueda, a la buena marcha de este centro.
E. N. Segundo, nada más por ahora. ¿Quieres añadir alguna cosa?
Segundo Marchán: Quiero aprovechar para dar las gracias más sinceras a todos aquellos que han colaborado con nuestra APA y con nuestro instituto, particularmente a todos los padres. Como creo que ya he dicho, estamos aquí gracias a todos.
En Soto del Real, a día ocho de Noviembre de 2008
E. Nieto Ballester
